En el esplendor de una flecha un tatuaje
se fija en la sangre, con el leve roce del amor,
va galopando sin bridas por los valles encantados,
y aparece pausado, engalanandome la vida;
De transparentes silencios ya canta la noche,
los ojos secretos entre el agua dulce
pueblan de girasoles el cielo y de mi pecho
sale un gemido que enciende el cuerpo,
se oyen voces enlazadas en las manos
es la caricia del desierto de mi cuerpo,
que nace delicado a tanta belleza que embriaga,
tal vez son como violines que tocan los labios,
vibran cuando sonríe al ardor de mi rostro,
y se rompe por dentro las capas que formo el hielo,
se ahonda el rumor de la humedad de tus ojos.
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