Me transfieres tu vida, me la regalas, me abres
las venas para que yo sedienta el alma, vea con los ojos
divinos de tu corazón, mueres en mi dentro de un beso,
y con mis dedos torpes dibujo tu carne mientras en la tierra
duermen los sueños, es la noche que late y navega,
somos compatibles, tan diferentes, tan exquisitos,
y del sudor de tu muerte va concentrando la vida
donde brotan los esquejes de las veredas,
se cuajan los ocultos sentidos sensibles,
y me apoyo en tus lagrimas, descansando al fin,
en el azul amante de mi espia enamorado.
nada, no te debo nada, pues bien sabes que lo mio es tuyo,
y se acelera en cada roce del relato de tu piel.
desato las silabas de mi lengua que lamen tu inmortalidad,
incendiando el tiempo, coloreamos las llamas
del vivo sonido de nuestros cuerpos,
al temblar, cuando nuestros mundos son enlazados en el humo
de esta sensación, me gusta morir en ti en el crepúsculo,
desde tus ojos se reducen al tiempo,
ese tacto de los puntos esenciales, el brillo
de una flor, que indecisa, ataja los cabos de la vida,
se va escondiendo por no ser atendida...
la madurez de la luz y se conservan esas partes del ser
donde la sangre fluye nueva, y giramos como veletas libres,
que en el aire son vitales a nuestros movimientos,
bailan en las alturas de la vida,
con la sabiduría de ayer, se reencuentran con las viejas
anécdotas, con sus valores, lo impreciso, lo básico,
la copulacion de un verso,
y las grandes batallas del afecto.
y ansió la dulzura de tus labios que me inunda ya el pecho,
silenciosamente te voy queriendo y palabras hallo en la ternura
del rayo donde corren nuevos deseos.
(para ti...)
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