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He atravesado el anegado momento
en que di vida a los sueños, tan necesarios
en lo temporal de mi vida.
y esa inmensidad de saberte se guarda en las llanuras
de mis letras, que se abrieron huecos en las arterias
devorando el tiempo de la memoria.
Entre los hastíos se desplaza con la agilidad
una profunda mordida con esa luminosidad
que el vuelo planeado canta al amanecer,
inunda el espacio surcando como implacable
las cosas mudas que van pasando a través
de los ya cansados ojos.
Los tormentos hechos desiertos que sollozan
arraigando el cielo, no son bellos poemas,
es tierra árida y su existencia perenne.
Los cuerpos torcidos que acuden a la memoria,
carentes de vida y en oscuras hechuras
cargan con pálidos encuentros los ignorados
sentimientos, el rostro que devorado no fecunda
este espíritu de múltiples vertebras,
que desde el fondo humano se extiende
sin silabas por la viejas veredas del desconcierto.
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