No hay delante, ni hay detrás,
el nivel se invierte en el calor de ambos,
y en un rugido el mundo queda horizontal,
paradas perfectas, lentas y quietas,
el fracaso a la espalda y el destino en el pecho,
tiemblo, y quedo bailando al cielo.
No hallo el exilio bajo el nivel de la conciencia,
el cabreo de los delicados gozos,
la expiación de un tiempo hermoso,
el logro de los altos donde los limites
conjugan una expresión oculta,
la esencia del vuelo en los cruces del estomago,
el estrés de aprenderte como apariencia de un reflejo.
Y remonto los horizontes en los extremos del día,
con el cuerpo ilimitado en la extrañeza de un verso,
y en un par de cosas que salen a mi encuentro,
se asemejan a los dedos divinos todos ellos,
van severamente entre la sonrisa y el vivo recuerdo.
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